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Por supuesto. ¿Y bien? Con permiso, señora. Monsieur Willy, ¿me daría su autógrafo? Claro que sí. Hasta te haré un dibujo. Toma. Muchas gracias. El suyo también, madame Colette. Vamos. No, por supuesto. Siempre hay que premiar el entusiasmo. Gracias. Buenas noches, cielo. Buenas noches. Pues yo vivo en el de la calle Goethe si quieren venir por una última copa. Yo mejor me retiro por hoy. ¿Seguro? ¿Willy? Pronto volveremos a jugar. Eso espero. Antes del regreso del soso de mi esposo. Bueno. au revoir. Au revoir. ¿No quieres ir? Es evidente que la invitación fue para ti. ¿Debería ir? Sí, claro. ¿No te molesta? Eso sería muy hipócrita de mi parte. Puedes encontrar sosiego sabiéndome en casa, en la cama, pensando en ustedes con todo el cariño posible. Adelante. Qué bonita casa. Gracias. Es mi modesto piedàterre. A Frederick no le hacen gracia las obras de Art Nouveau. A mí me encanta la naturaleza y las mujeres. Ya veo. Recuerdo en Claudine en la escuela cuando las chicas salen a nadar de noche. Ese es el mejor momento para nadar. Cuando era joven, me decían que había caimanes en los lagos de Luisiana. Por eso nunca fui a nadar de noche, pero ahora me arrepiento. Cada vez que me miras, es como si me quitaras toda la ropa. No apartes la mirada. Mírame a mí. Mira cómo te observo. Tienes unos dientes preciosos. Como los de un caimán. Buenos días, querida. ¿Alimentaste a Toby Chien? Se me olvidó. Creí que era responsabilidad de Matilde. ¿Cómo te fue anoche? Fue interesante. ¿Qué ocurrió? ¿Qué crees tú? Pues, no me lo cuentes. Esperaré para leerlo cuando Claudine se encapriche con su querida amiga. No pienso usarlo. Es un material invaluable. No. ¿Se verán de nuevo? Posiblemente. Un momento, cielo. ¡Estás aquí! ¡Maravilloso! Venía pasando por casualidad. ¿Sí? Bueno. Será mejor que pase. ¿Cómo va la escritura? Lenta y penosamente. ¿Cómo te fue en el banco? Me fue bien. Sí, muy bien. La está esperando. Me voy al banco. Georgie, ¡sé que estás ahí! Georgie, ¡abre la puerta! ¡Colette! Tomaba una siesta. ¿Dónde está? ¿Quién? Colette, ¿a qué te refieres? “El humo azul del cigarro impregnaba el aire. “Entré con paso firme y miré a Renaud a la cara. “Se sobresaltó y dijo: ‘Actué perversamente. Lo lamento’. “Rezi estaba ahí, ¿cómo no iba a estarlo?”. “Vistiéndose a toda prisa. “Siempre recordaré su pálido rostro en plena descomposición, “como si estuviera marchitándose frente a mis ojos”. Es excelente. Lo sé. Te aconsejo cambiar el diálogo de Renaud: “Actué perversamente”, pero sé que no lo harás. ¿Qué crees que Renaud diría en esa circunstancia? No sé. Algo como: “Pero, querida, estábamos esperándote”. No me parece que le creería. Claro que no. Pero ¿no te parece que actúa con hipocresía? Sí es aceptable que Claudine se acueste con Rezi, pero ¿Renaud no puede hacerlo? No a sus espaldas, no. La traición surge de la mentira. Renaud le juró que siempre sería sincero. Quizá quería decírselo, pero sus celos coléricos le daban miedo. Pues no es solo mentiroso. También es cobarde. No seas tan dura con él. ¿Quién si no yo? Y los celos nunca consumirían a Renaud si, por ejemplo, Claudine se buscara a un joven, para variar. Eso le parecería inaceptable. ¿La infidelidad es un asunto de género para Renaud? Sí, en efecto. ¿Cuánto hace que lo sabes? Hace un mes. Debo decir que me impresiona cómo te has controlado. La joven Claudine habría armado un escándalo. Pienso matar a Renaud en la próxima entrega. No puedes hacerlo. Por favor, no lo hagas. “La historia la escribe la mano que mueve la pluma”. Mi esposo se puso hecho una furia. Quería retar a Willy a un duelo. ¿Qué? Lo disuadí. Ojalá no pase a mayores. Lo leíste, ¿verdad? Sí. ¿Debería estar muy preocupada? No es muy evidente quién es quién. Cambiamos los nombres. No te creo. Es la comidilla de todos. Dicen que será en extremo salaz. Sé que no quieres ni verme desde la separación, que hice mal, pero te lo ruego. Pídele a Willy que lo cambie antes de publicar. Por favor, Colette. De mujer a mujer. No puedo. ¿Me harás sufrir? No es solo por Willy, Georgie. Es por el libro en sí. Willy dice que es una obra de arte. Te di oportunidad de actuar bien, pero ahora se encargará mi esposo. Ollendorff accedió a destruir el tiraje por una alta suma de dinero. ¿Qué? No puedes hacer eso. Ya aceptó. ¡Ese bribón infeliz! No puedes. Ya está hecho. Así son las cosas. ¡Arpía! ¡Pérfida! Me enseñaste bien. Y como toda una heroína francesa, nuestra hija Claudine acabó en la hoguera. Diría que estuvo “ardiente”. Resulta que Ollendorff firmó el contrato, pero olvidó mencionar que no son suyos los derechos de autor. Son míos. Increíble. Simplemente, fue cuestión de tocar la puerta de otra editorial y recibir un segundo anticipo. La imprenta está sacándolos en este momento. ¿Cómo lo consiguen? Tuvimos mucha suerte. Para nada. Nos mantenemos al día. Ese millonario cornudo y su voraz esposa nunca iban a ganarnos. El viento nos favorece y yo pienso hacer de Claudine la chica más popular de Francia y hasta del mundo entero. Se convertirá en un referente. Me llamo Claudine. TEATRO DES BOUFFES, PARÍS Vivo en Montigny, donde nací en . Nada mal.



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