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    Leonor ¡Aquello era una vergüenza! Ella estaba en bolas, por la quinta fuera, y él, sin poder dar ni un paso, loco, detrás de ella: ¡Dame el coñito, dame el coñito! El señor Barón era amigo de dar a los pobres. Quien da a los pobres, presta a Dios Era un santo. Tu ni siquiera le llegas a los tobillos, mi Judas. Por treinta dineros, hasta venderías a tu madre, Si el hombre aún tiene tranca, tanto mejor para él. ¡Ya me gustaría a mí! La mía ya no se levanta. La sábana estaba inmaculada, Vasconcelos, por aquí no te gobiernas. Gobernado está él. El señor Barón ni sabe mitad de la misa Ves a la bodega a buscar unas botellas para que bebamos. Ya tengo la lengua seca y esta historia merece bien unos vasos y unos puñetazos. Vete víbora. ¿Oyes? No soy ningún palo mandado, ¡Gertrudes! Pasteles de bacalao y un arrocito de grelos. Estaré de vuelta a la hora de la cena. ¿Y donde voy a desencantar los grelos en esta época, mi buen señor? ¡Son rosas! Judía de careta. No se pesca una medusa, ¿verdad? Oh, Celestina, desplumado ya estoy. Ves cavando, cavando La esperanza es la última cosa a morir. ¡Toma, toma! Alega ignorar la existencia del material de guerra encontrado, después de la búsqueda de las fuerzas del orden en la Quinta, bien así como las intenciones con que habrá sido allí depositado. Entre este facto y los acontecimientos producidos en el Teatro de S. Carlos no ve ninguna relación, dado que es absurdo pretender transformar el gesto grotesco de una sociedad que muere de tedio, en un acto de rebelión armada. La burguesía non se atreverá a poner los cañones en la propia boca. Evité un baño de esperma. Aunque su actitud haya provocado disturbios que lo sobrepasaron, pretendió apenas divertirse, hacer juerga, nunca pensando recurrir a medios violentos para derribar el gobierno. No tengo alternativa de izquierdas. Esto está feo, Señor João de Dios. Muy feo Ay del luso, pobre. Le voy a enseñar unas fotografías interesantes. No soy gran apreciador de fotografías gráficas. Y yo me cago en sus gustos, señor Joáo de Dios! Dígame si conoce o no a la mujer. La cara está tapada. Así de repente no veo quien pueda ser. Por el culo no lo descubro. ¿Y esta? Soy yo y la Princesa Gombrowicz en el camarote de S. Carlos. ¡Princesa, un cuerno, Señor João de Dios! Se trata de la misma persona en ambas fotos: Albertine Rabelais, Se busca por homicidio y asalto a mano armada. No la cogimos por los pelos. Para serle sincero, el pelo aún se lo toqué, pero, nada más. Albertine desapareció ¡Doy recompensa! Usted ya dio todo lo que podía, ¿Es todo lo que tiene a decir sobre la famosa Albertine? Solo tengo bien a decir. Vamos a volver al principio para deshacer el hilo de la madeja: Durante un cierto tiempo, usted trabajó en una heladería en Lisboa, cuya propietaria es buscada por la policía por presunto envolvimiento en una red internacional de droga y prostitución. Es mujer para eso y mucho más. ¿La conocía bien? Como mi dedo. Cartel de merdelim. Si sabe de su paradero, eso podrá funcionar como atenuante No, gracias. No como de ese pan. Se equivoca, señor João de Dios, pero no tenemos prisa.