Radio El Carbon

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Lo ve, lo admito. Pero decirme que olvide a Schubert fue injusto de su parte. De hecho, es al contrario. Hay días, como después de nuestra primera lección, cuando Radio La vista de sangre me enferma. Ve por ella. Sé su valiente protector. ¿Qué pasó? Déjame. No se queden mirando, no hay nada que ver. Vuelvan a la sala, por favor. Vamos. Espera. ¿Por qué? ¡Pare! He dicho que pare, si no para, me iré. Míreme a mí, no a su pene. No hable. No se mueva, o me voy. Te quiero. Nadie tiene Radio Por última vez, si no se calla, se quedará solo. ¿Por qué me haces daño? No me puedo contener. ¡He dicho que silencio! Sigue. Ven. Así es. Ahí viene. Sigue. ¡No pares! Voy a escribir lo que me puede hacer. Todos mis deseos en papel para que los lea a su voluntad. ¿No le gusta eso? Erika, no me puedes dejar así. Ven. No quiero tocar eso ahora. Sigue, por favor. ¡No, ni hablar! Manos afuera. O si no, es la última vez que nos vemos. Es totalmente enfermo lo que haces aquí. ¡Y además duele! Le compadezco. Pare. No sea estúpido. Lo está arruinando. No le volveré a tocar. Quiero que se quede así, eso es todo. ¡De cara a mí! No lo guardes. Yo no soy el estúpido. Eres tú. Debes saber lo que puedes y no puedes hacerle a un hombre. Especie de cerda. ¡Cállate! Las reglas deben ser las mismas para todos. Si crees Radio Espera, Erika. No me moveré, lo prometo. No diré una palabra. Recibirá mis instrucciones. Por carta. O cara a cara. O quizás por teléfono. Ahora, lo puede guardar. De cara a mí. ¿Qué tal una pequeña sonrisa, Erika? Vamos. No seas tan seria, hermosa dama. La próxima vez, lo haremos mucho mejor. Lo prometo. La práctica te hará perfecta. Por lo menos meses, sin garantía de completa recuperación. Eso es terrible. Y ella realmente estuvo muy bien. Tiene el nervio. Tocó increíblemente ayer a pesar de casi no haberlo conseguido. Cálmese. No le sirve a Ana si se quiebra así. Por el momento, hay que esperar. No debe descuidar su mano derecha. Ése es siempre su punto débil. Y además le quedarán cicatrices. Imagínese. Un pianista con una mano mutilada. Ya era poco atractiva, lo único que le destacaba era su talento. Por eso que sacrificamos todo. Querrá decir que ella sacrificó todo. ¿Perdón? Dijo “sacrificamos”. Es Ana la que sacrificó todo. Sí, eso. ¿Quién haría tal cosa? La policía dice que debe haber sido otro estudiante actuando por celos. ¿Lo imagina? ¿Siendo tan malvado? Ella siempre fue solitaria. Casi ni tiene amigos. Encontrarán a ese tipo. Se merece que le corten las manos a ese cerdo. Mi próxima lección me espera. Tendré que pedirle que se vaya. Dígale a Ana que estaré encantada de que venga a visitarme cuando esté mejor. Y que no olvide trabajar su mano izquierda. Se lo diré. Muchas gracias, profesora. Ella pasará por aquí. La admira tanto. Coraje, Sra. Schober. ¿Quién remplazará a Ana para el concierto? Nadie. Ningún estudiante podría hacerlo ante lo que pasó. El director me pidió que la sustituya yo por respeto al cantante. Ah, de acuerdo, muy bien. Ana estará encantada. Pare. De nuevo al principio. Con gusto ignoras las dinámicas. ¿Qué está escrito? Piano. Exacto. ¿Y después? Forte piano. ¿Y después? Pianissimo. Y diminuendo. Y mezzo-forte, forte, Radio Las dinámicas de Schubert varían desde grito a susurro no de fuerte a suave. La anarquía no parece su fuerte. ¿Por qué no sigue a Clementi? Schubert era bastante feo. ¿Usted sabía, no? Usted con su físico nada le puede hacer daño. ¿Por qué destruir lo que nos puede juntar? Usted con su físico nada le puede hacer daño. ¿Por qué destruir lo que nos puede juntar? Manierismo no es Radio ¿Por qué no puedo mirarte? Porque si lo hago, no resistiré la tentación de besarte el cuello. ¿Puedo besarte en el cuello, Erika? ¿Quiere que le traiga un vaso de agua? Gracias. ¿Cuándo puedo verte? Nos telefonearemos. Vayámonos a algún sitio, al campo, este fin de semana. Solos, tú y yo. No puedo, salgo con mi madre. Anúlalo. Olvídate de tu madre. Piensa en nosotros. Debemos compensar el tiempo perdido. ¿Quieres decir yo? ¿Yo debo compensar el tiempo perdido? ¡Erika, cariño! Deja de pensar siempre en los otros, tu madre,