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Corazón FM

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<¡Bravo! ¡Basta! ¡Silencio! Perdónales, querida. Los comprendo. Son los jóvenes de hoy. Son jóvenes y basta. ¿Por qué te enfadas? Se están divirtiendo. ¡Cállate! Esto no es un colegio. Y ahora, Lyda Borelli en su interpretación más deslumbrante Radio “La mujer desnuda”, una película que hizo época en la historia del cine. Adaptación de la comedia de Henry Bataille, con la interpretación de Wanda Capodaglio y Lamberto Picasso. “Metteur en scène”: Carmine Gallone. El joven pintor Pierre, que acaba de acceder a la gloria del arte, retrata en su estudio a la vehemente princesa Paola de Chabran. Mientras tanto, Lolette, la prometida de Pierre, se debate en un abismo de celos. Teme que el amado de su corazón la traicione. Y de hecho, la cita artística se transforma en una cita amorosa. El drama se cierne ya en las sombras. Una velada en casa del pintor. Una recepción en casa de la princesa Chabran. Por desgracia, la reconciliación entre Lolette y Pierre ha sido breve. El pintor presenta su cuadro en una recepción en casa de la princesa. Y Lolette, que ha asistido, comprende que ha sido engañada. Ahora su ánimo no encuentra la paz, su orgullo de mujer ha sido herido, su cólera demoníaca está a punto de estallar. Observen y admiren, señores, este espléndido fragmento de intenso dramatismo. “¡Amo a Pierre! La mujer que intente arrebatármelo Radio ” “Tranquila, pequeña. Ambos sois para mí nada más que buenos amigos Radio ” Dos minutos de descanso. ¡Qué boba soy! Nos ha emocionado a todos. Para mí es distinto. Sabes que yo Radio Sí, lo comprendo. Esas risas que me han alterado. Lo siento, no creí que Radio Sentirlo, ¿por qué? No me siento ofendida. Al contrario, me han hecho comprender muchas cosas. Es verdad Radio Disculpa, querida. Son terribles, señora. No se enfade. Todo va perfectamente. ¡Nunca me había topado con un público tan poco comprensivo! Pero hay quien lo disfruta. Venga, adelante con la proyección. Ya queda poco. Adelante entonces. Disculpe, he oído mencionar a la señora Makowska. No estará en la sala Radio Sí, estaba. Pero se ha marchado ya. ¡Adelante! Disculpe Radio Adelante. Apegue la luz. Y para terminar Radio unos preciosos fragmentos de “El coche número trece”, adaptada de la inmortal novela de Xavier de Montépin. ¡Soberbia interpretación de Helena Makowska! Uno de los más memorables acontecimientos cinematográficos por obra de esta magnífica mujer. Criatura real Radio Auténtica actriz cinematográfica. Una actriz que habla con los ojos y con el corazón. Helena Makowska, damas y caballeros, oriunda de Polonia, trajo a la escena italiana todo el fuego, el temperamento, el enigma del alma eslava, y suscitó el fanatismo de la muchedumbre y la ternura, a veces trágica, de todos sus admiradores. La condesa es presa de una tremenda angustia porque ha recibido una carta en la que se la chantajea. Ha sido acusada de un turbio crimen cometido en París en el Puente de Neuilly en la noche de un trágico nacimiento. La sombra de este pasado pesa sobre su vida, ahora feliz, y ella teme por su hija. Durante una fiesta en el castillo de la condesa se organiza una representación de “cuadros vivientes” y la propia condesa aparece como madame Récamier. ¡Le aguarda una terrible sorpresa! El siguiente cuadro representa precisamente aquel crimen del Puente de Neuilly. del cual ella fue responsable. Es una oscura maniobra de sus enemigos para desenmascararla. “¡Hija adorada: tu mamá sufre mucho!” Sintiéndose perdida, la condesa prefiere el suicidio a una vida indigna de sus hijos. ¡Helena! ¿Por qué Radio ? ¿Qué te pasa, querida? ¿Te encuentras mal? No, no Radio Seguid, seguid. ¡Pare! ¡Qué maleducados! ¡Estoy indignada! Querida, es un público superficial. Makowska no se había ido. Ahora comprendo la artimaña. La baronesa ha querido divertirse a su costa y yo me he prestado al juego. Estoy avergonzada Radio Quédate un poco más. Proyectaremos una comedia y nos reímos un rato. No. Ha sido como si los muertos volvieran a la vida. Son recuerdos que deben permanecer dormidos. Disculpa si me marcho Radio Es mejor así. Te acompaño. Sí. ¡Helena! ¿Qué haces? Dices que esa película es una obra maestra y luego no la quieres ver. Cállate. Tú no puedes comprenderlo. Después de lo ocurrido ayer, no sé qué hacer. Si el público de ahora es capaz de reírse hasta de la Duse, entonces Radio ¡Eres un fanático! Vamos a ver a esa Duse Radio Te juro que no me río. No, no volveré a proyectar nunca. ¿Y qué harás para vivir? Ya me las arreglaré. ¿Por qué no abres un cine? Y así aprendo también yo. ¿Quién es? ¡Pase! ¿El señor Omeri? Soy yo. ¿Qué desea? Astorri. ¿En qué puedo ayudarle? Soy Giorgio Astorri, de la Vulcano Film. ¿El hijo del llorado “commendatore” Astorri? Eso es. Su padre fue un pionero del cine italiano. Lo sé. Deje Radio Es natural que lo sepa, pero conviene recordarlo. Siéntese. Como si estuviera en su casa. Gracias. A propósito de mi padre, sabe usted que se casó con la actriz Helena Makowska. ¡Grande! ¡Inolvidable! Ahí la tiene. Tuve el honor de volver a verla anoche. Exacto. Anoche se proyectaron en un domicilio privado algunos fragmentos de películas en los que aparecía mi madre. Puede estar tranquilo. No volverá a suceder. Como desee. Pero yo quiero comprar esos fragmentos. Cuando mi padre se casó con ella retiró y destruyó todas sus películas. ¡Hizo muy mal! Por favor, entrégueme esos fragmentos. Se los pagaré bien. ¡Jamás! Estoy al tanto de lo ocurrido en casa de los Caprioli. Mi madre sufrió un shock. Y volvió a casa llorando. ¿Por qué lloraba si todos se reían? ¡Sal de aquí! ¿Se reían? La risa frecuenta la boca de los necios. Será así, pero yo no puedo permitir que se rían de mi madre. No volverá a ocurrir. Está bien. Entrégueme la película. Le daré cincuenta mil liras. ¿A qué espera, “cavaliere”? No hagas el idiota. ¡Largo! No Radio Lo siento muchísimo pero no puedo. Cien mil y no se hable más. Caballero, seré pobre, pero no me vendo. Vende usted una película. ¡Imposible! Le llevaré a juicio. Se las haré pasar moradas. Los derechos de estas películas no le pertenecen. No son mías, son del arte. Y en nombre del arte no las venderé para que las destruyan, como usted quiere.



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